Historias

TINTOS PARA EL DESAMOR

01:58 am. 5 de abril de 2017

“He sufrido lo que no está escrito, vengo de pelar viches en el monte a ser una sirvienta más en la ciudad, esa fue mi labor por mucho tiempo desde que llegué a Bogotá. Me tocaba pasar toda clase de humillaciones para sobrevivir, sin embargo, yo decía que así me tocara comer mierda me venía para la ciudad y así sacar adelante a mis chinitos, por lo menos a los que no me arrebataron”

Gloria Pedraza es una mujer de 54 años de edad, nacida en Sogamoso, Boyacá, el 25 de septiembre de 1963. Mide 1,56 cm pero no le queda grande nada, se siente “berraca”, aunque su rostro refleja su trajinada vida, parece que con su sonrisa casi permanente busca ocultar el dolor pasado, un pasado que la lastima y que la derrumba al recordar que asesinaron a sus dos hijos mayores en el conflicto en Norte Santander, un departamento en el que operaban los cuatro frentes armados al margen de la ley más peligrosos de Colombia, las AUC, el ELN, las FARC y los Paras, por lo cual no se sabe quién los mató.

Actualmente es madre soltera, tiene dos hijos por los que entrega su vida y por quienes se enfrenta al complicado vivir en la Capital que no ha sido para nada fácil.

En el 2010 quedó sin trabajo. Resulta que le estaban señalando por supuestamente haber robado algunas joyas de un departamento en el que servía como empleada doméstica en el norte de Bogotá, dañaron su imagen y ya no pudo conseguir empleo en ningún otro lado, tiempo después se demostró que habían sido falsas acusaciones, el ¿por qué de ellas? No se sabe, Gloria no encuentra respuesta. Lo cierto es que se hartó de la mojigatería y en su desesperación por falta de dinero para comprar comida para sus hijos y para ella, decidió armarse de café y preparar “tintos para el desamor” y cargada de sus termos llegaba cada noche a Corabastos, la plaza de mercado más grande del país ubicada en el sur occidente de Bogotá, a vender sus tintos en las afueras, pues las que tienen el privilegio de vender dentro son pocas y es por “rosca” como ella misma lo dice.

Anda siempre con su ruana abrigadora y riéndose con cada entusado que le hace compra, pues dice que queramos o no, todos hemos sufrido por amor y por eso su tinto es para nosotros. Ahora a carcajadas acepta que hace parte de la rosca y vende dentro de la plaza, dice que sus ventas son mejores y que son muchos quienes la conocen.

Deja un poco su alegría y más seria comenta acerca de la vida de quienes trabajan allí, lo primero que menciona es que la necesidad es dura y quienes se la rebuscan en la plaza tienen que sudarla de verdad, y quien no está en “la rosca” mucho peor porque deben trabajar afuera.

Cuenta Gloria que su hijo mayor que tiene 19 años, trabaja como cotero y hace mucho por muy poco, hay días en los que gana 40 o 50.000 pesos por propina de 1000 o 2000 pesos, pero trabajando todo el santísimo día, así que  aspira a que pueda meterse como zorrero, ya que ella observa que les va mucho mejor. Dice que en noches de descargue de cosechas los zorreros se hacen por lo menos 300.000 pesos, que se forman de cada 400 pesos que les cuesta acarrear una canastilla llena de cualquier fruta, pero en la zorra llevan diez canastillas por viaje, entonces no es mal negocio; eso sí, aclara que si su hijo se puede meter de zorrero no debe ser tan patán como los demás, que tratan mal al que sea por cruzarse en su camino y hacerlos detener.

Con su peculiar humor dice que va a tener que “enmozarse” con uno de los de chaleco amarillo, un comerciante dueño de camión que la mantenga como ella se merece, como una reina, pues es inevitable dirigir su mirada a los fagos de billetes de grueso valor que de sus bolsillos sacan; queda en silencio y se torna negativa exclamando que ya nadie se fija en ella, pero quisiera que ojalá lo hicieran para que por lo menos este 25 de septiembre, —día de su cumpleaños— la invitaran a “Cotero’s” una rockola que está allí mismo dentro de Corabastos, para con alcohol quitarse algunas penas del corazón.

Son ya las 8:30 de la mañana y “Glorita, la gorda de los tintos” regresa a su casa luego de una ardua noche de trabajo, con un producido de 65.000 pesos, lo que equivale a la venta de 130 tintos para el desamor.

Esta historia ha sido escrita como base para un cortometraje. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
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